Es como un mal que necesita cada tentáculo para seguir provocando más daño. Al final, todos somos responsables: la prensa, los que generan las imágenes, el público que las consume y quiere más. El juicio de Michael Jackson desde que inicio, más allá de los aburridos detalles técnicos de especialistas, que van desde patólogos hasta médicos especializados en insomnia, es un ejemplo claro del morbo, del que todos se benefician, aunque lo critiquen.

Muchos se preguntan qué aportan las fotos de Michael Jackson, muerto en un hospital, desnudo, una y otra vez en un pleito legal, donde se enjuicia al Dr. Conrad Murray por homicidio involuntario. Cuando menos nadie se lo espera, hay nuevas imágenes del 'Rey del Pop' desde la camilla donde yacía sin vida.

Todos están esperando el nuevo "shooting" del cadáver de Jackson, que en los sitios online genera cientos de miles de visitas y deja prendida a la gente a los programas de televisión y de radio después de anunciar que mostrarán nuevas fotos del muerto.

Sin ese material no hay curiosidad enfermiza que alimentar. Todos estamos suministrando la píldora de lo perverso que genera una necesidad de saber más del chisme.

En otros tiempos, sería material de la "prensa amarillista", pero en todo caso, ya todos lo somos. Difícilmente este martes algún medio se abstuvo de publicar las fotos y los detalles del forense que le practicó la autopsia a Michael Jackson porque fueran a tildar al medio de morboso.

El morbo parece vender cada día más. La fiscalía revela estas fotos cuando, tal vez, nadie se lo espera. El forense, Christopher Rogers, quien alimentó el nuevo giro del caso de que 'El Rey del Pop' murió por una sobredosis causada por un error de su médico y no por él mismo, arma a favor, que había mantenido la defensa de Murray.

El forense, con lujo de detalles repasó cada ángulo de la última foto, para apuntar que Jackson padecía también de vitiligo, artritis, problemas de próstata y hata que tenía una costilla de más. Creemos entender que esto es para demostrar que ninguno de estos escenarios clínicos tenían que ver con la intoxicación de sedantes, especialmente de propofol, que le quitaron la vida a la estrella el 25 de junio del 2009.

El doctor Conrad Murray, de 58 años, y quien se especializa en cardiología, podría enfrentar una condena de cuatro años de cárcel si es encontrado culpable de homicidio involuntario.

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